¿Cómo es vivir en Rio de Janeiro después de los 40? La respuesta tiene más de rutina que de postal. Rio tiene su costado de postal, claro, pero lo que más cambió mi vida es la manera en que hoy organizo mis días: trabajo desde casa, ordeno mis tareas a mi manera y manejo mi propio tiempo. En esta entrada te cuento cómo es un día mío, qué me sorprendió de la cultura brasileña y qué es lo que todavía me cuesta. Si estás pensando en cambiar de lugar, o simplemente en cambiar tus rutinas, quizás algo de esto te sirva.

Vivir en Rio de Janeiro después de los 40: mañanas que rinden
Una de las cosas que más disfruto de vivir en Rio de Janeiro es lo temprano que amanece: aquí sale el sol a las 5:30 de la mañana. Esa luz temprana hace que el día rinda un poco más, y que haya espacio para todo lo que quiero hacer.
Quiero aclarar algo, porque no quiero que pienses que me levanto a las 5:30 todos los días. No es así. Que amanezca temprano no significa que yo salte de la cama con el sol. Pero cuando tengo muchos pendientes, sí me despierto bien temprano, y ahí se nota la ventaja: puedo organizarme con todas mis tareas del trabajo y desocuparme antes. Si tengo algún evento por la tarde, llego con el trabajo ya encaminado y sin la sensación de ir corriendo.
Mi mañana, madrugue o no, empieza con un ritual sencillo. Me levanto, preparo café y unas tostadas con queso, y desayuno con total tranquilidad. Es un momento sin apuro, y lo cuido: ese rato es mío antes de que empiece el trabajo.
Después de desayunar, preparo mi espacio de trabajo. Ordeno un poco la oficina, limpio lo que haga falta y recién entonces me siento a trabajar. Parece un detalle menor, pero ese pequeño ritual le avisa a mi cabeza que el día laboral empezó.
Un día de trabajo desde casa en Rio
Organizar el espacio y las tareas
Tengo la oficina en casa, y eso me permite armar la jornada a mi manera. Programo mis tareas, o al menos trato de hacerlo, porque no siempre sale exacto. Por ejemplo, le dedico una cantidad de tiempo a la agencia de viajes, luego otra a mi proyecto personal, y así voy repartiendo la energía entre las dos cosas.
Entre una tarea y otra hay lugar para un descanso pequeño: juego un rato con Tokio, mi perrita salchicha. Suena a detalle simpático, y lo es, pero también funciona como pausa real. Tokio es parte de mi rutina de trabajo, y se nota que le gusta serlo.
El almuerzo al mediodía: lo que me sorprendió
Una de las cosas que más me sorprendió de la cultura brasileña es que comen religiosamente al mediodía. Para mí, que venía de otros horarios, era algo nuevo. Lo curioso es que mi cuerpo se adaptó muy rápido a esa rutina: a las 11:45 ya tengo hambre, jajaja.
Así que almuerzo al mediodía y después sigo con mis labores. Esa pausa marcada en la mitad del día me ordena la jornada en dos partes, y me ayuda a no trabajar de corrido durante horas.
Lo que más me costó de vivir en Rio: el idioma
Lo que más me costó, y todavía me cuesta, es el idioma. Creía que iba a ser mucho más fácil, porque el portugués es muy parecido al español. Y lo es, hasta que no lo es: parece que lo entendés todo, y de repente aparece una palabra, una expresión o un sonido que no tiene nada que ver con lo que esperabas.
Sigo aprendiendo. No lo digo con pena, sino con honestidad: aprender un idioma a esta edad lleva su tiempo, y tiene su costado de humildad. Habrá días de más avance y días de menos, y la clave es tomarlos como parte del proceso.
Si estás pensando en cambiar de país, no subestimes esto. Que se parezca a tu idioma no significa que sea fácil. Pensá en el idioma como una de las cosas que vas a ir construyendo de a poco, sin apuro y sin compararte con nadie.
Y si hoy es lo que más te cuesta, quiero decirte que a mí también. Es una parte del camino que no se salta, pero que se va haciendo más liviana con el uso diario, aunque sea de a pocas palabras a la vez.
Trabajar por mi cuenta: elegir cuándo y dónde
La gran diferencia con mi vida anterior es que ahora el tiempo lo manejo yo. Después del almuerzo continúo trabajando hasta las 17:00, o hasta las 20:00 si estoy muy enchufada con lo que estoy haciendo. Esa flexibilidad es parte de ser tu propia jefa, y también exige responsabilidad.
A veces, de vez en cuando, salgo a trabajar afuera: a algún café, a una biblioteca o a cualquier espacio que tenga buen internet. Poder elegir un lugar distinto de vez en cuando es otro de los puntos positivos de trabajar por mi cuenta: elegir dónde quiero trabajar.
Esto es lo que más valoro de mi rutina en Rio:
- Los amaneceres tempranos, con luz desde las 5:30, que me ayudan los días de muchos pendientes.
- Un desayuno tranquilo, sin apuro y sin pantallas.
- Mi espacio de trabajo en casa, ordenado a mi gusto.
- La libertad de elegir dónde trabajar, incluso en un café o una biblioteca.
- Los ratitos con Tokio, que cortan el día con ternura.
Todo esto es posible porque cambié las reglas. Cuando trabajás por tu cuenta, tu rutina no te la arma nadie: te la armás vos, con tus horarios, tus pausas y tus límites.
¿Cómo sería tu día si pudieras diseñarlo?
Y vos, ¿cómo sería tu día si pudieras diseñarlo desde cero? ¿Qué mantendrías de tu rutina actual y qué cambiarías? A veces, pensar en cómo querés que sea un día cualquiera es el primer paso para empezar a construirlo.
Si querés saber cómo me organizo para trabajar por mi cuenta, te lo cuento en Cómo ser tu propia jefa. Y si te cuesta mantener el ritmo cuando nadie te mira, te va a servir Cómo dejar de procrastinar trabajando desde casa.
Contame en los comentarios cómo es tu mañana ideal. Me encantaría leer cómo se organiza cada una, porque cada rutina cuenta una forma distinta de vivir.
Si sentís que es tu momento de cambiar tu realidad, preparé algo para vos: una guía gratis con 10 preguntas para descubrirlo.